sábado, 28 de abril de 2012

En Priego o en ningún lado.

Vivir en ti, sentir a tu gente, pensar como tú, creer en el susurro del agua, escuchar los cantos del viento. Andar despierto y con los ojos cerrados, arrepentirse del destierro efímero, encontrarse irremediablemente feliz por tus calles. Priego te siente dentro, te atrapa, te ilumina. Este lugar donde somos tanto de ciudad como de aldea, según encaje en la memoria; aquí, donde somos tanto de renegar de tus besos como de pintarle un retrato a tu cielo. Este espacio donde más se pierde la analogía de sus rincones. Priego, que a veces parecieras como esa mosca mañanera que se posa en la página número siete de mi periódico, y otras,  sin embargo, quisieras ponerte alas y volar por encima de mis sueños. Aquí, donde hay días en que te pisamos con fatiga, y noches que te pisoteamos sin mirarte a la cara. Así es tu gente. Tan imperfecta como indispensable. Vivir en ti. Creer en lo tuyo sin condiciones...

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