lunes, 28 de mayo de 2012

Nada más...


Se perdió un día cualquiera, se despistó un instante preciso, desapareció sin despedirse. A veces fue la fuerza del alma, otras el primer escalofrío de la mañana, y siempre ocupa un lugar en el corazón de la noche. 
Se marchó sin volver la mirada, sin cerrar la puerta de la emoción. Era eso que a veces desborda ilusión y otras no es más que un ruido destemplado y baldío. Prendió durante siglos entre la gente, jamás  señaló a nadie, incurrió en la emoción del viento y nos enseñó su sonrisa transparente. Nos enternece en algún segundo de ese eco infinito que desprende, nos emociona su saber estar, su oportunismo. A mí me suena a tradición, y a veces a esa mezcla de arte y sueño. A veces se acerca, y se funde en un abrazo que nos sabe a eternidad. 
Pero vuelve, por detrás, sin ser protagonista de ninguna historia. Siendo el indispensable balcón romántico de un cuento, soportando los pilares de unos besos. A veces se esfuma con el aire y otras vuelve con una mirada de ensueño.
El silencio...

jueves, 24 de mayo de 2012

Mayo, un lucero, un latido...


En ti hay sitios y horas que no se olvidan nunca, hay muchos instantes para decirte te quiero, hay muchos ángeles que recogen tu cielo. Mayo, siempre me concedes un deseo, siempre me regalas un latido. Mayo, entro en tus calles de puntillas, sin querer pisar tu nombre, sin pretender quitarle protagonismo a tu lucero. Soy testigo de tus sueños, esos que haces realidad cada mañana, esos que me aceleran el pulso. Te tengo en mis manos, Mayo, te siento. Soy testigo de tus besos, los de un Domingo que se hace eterno. Me hablaron de ti, Mayo, y se quedaron cortos. En tus palabras encuentro el amor y me asomo a comprobar tu mirada, esa que acalla el tumulto, esa que palia un rumor.
Eres Mayo. El  Mayo de las flores, el Mayo de los sueños cumplidos, el Mayo de los soles, el Mayo de las sonrisas, el Mayo de las miradas cómplices, el Mayo de la vida. Eres Mayo. Eres María.

viernes, 18 de mayo de 2012

El sueño...

Pareces de cristal elegante,
de fina plata que enamora.
Pareces el aire de la aurora
que sueña con amarte.

martes, 15 de mayo de 2012

Cuando los ángeles lloran...

Son de esos días tristes y oscuros en que la vida te golpea por dos veces, te sacude sin compasión y le pides explicaciones de tus penas. Parece que no hay salida sin dolor, sin lucha. Son días que se oscurecen sin previo aviso, como si al sol le diera vergüenza que lo vieran. Miras al cielo, y éste te responde con dos lágrimas, y con un abrazo de consuelo. Si hasta los ángeles lloran cuando llora un hijo...

jueves, 10 de mayo de 2012

La noche.

Esta noche es distinta. Pareciera como si a mi habitación la iluminaran seis candiles y el otoño silbara desde lejos una canción. El silencio corretea por las esquinas de la calle Río mientras los gatos anidan nocturnos en los hostales del escombro. Pienso que ojalá la luna se estuviera riendo siempre igual que hoy, olvidando los problemas que hacen que en Priego se oscurezcan las mañanas y el frío agriete las manos que intentan levantarlo del suelo. De noche quizá todo es distinto si unos ojos visitan de incógnito la fuente del Llano y más tarde vagan a la deriva por un muro que antaño cortaba la libertad de aquellos que pisaron y trabajaron esta tierra. Esta noche es distinta, seguro. Miro por la ventana y se me cruza el fresco que proviene de un rinconcito del Carnero. De repente se adentran ruidos en mi habitación que alteran el sueño de un duende que custodia mi casa. Ahora pienso en lo peculiar que puede ser Priego en su madrugada, en las mil historias de amor que se perdieron en el Paseo de Colombia y en las que culminaron en la Calle Real, en cualquier madrugada del mes de octubre. Si el corazón del pueblo hablara, sería capaz de contarnos las batallas de un obrero para sacar su negocio adelante, y la odisea que pasó un prieguense para demostrar su garbo y su tesón en los menesteres baratos que desechamos tantas veces. ¿Por qué será que aquí las noches son especiales? La mía lo está siendo. Hoy soy el protagonista de mi sueño entreabierto, a medias entre la almohada y la pluma. No sé por qué, pero hoy la tinta corre más deprisa que el tiempo, como esas palomillas que entran en tu cuarto en verano sin llamar a la puerta. 
Ya va siendo tarde y los ojos se van cerrando a la misma vez que se pierde mi escenario, como si estuvieran ambos pidiendo tregua nocturna. Lo que no saben es que esta noche es especial, distinta a todas las de antes. Y no hay más que soledad en las calles del pueblo; en estas horas los susurros se adueñan de la Avenida de España y quizá se escape algún verso entre las rejas del Adarve.
Esta noche es distinta, sin duda. Que no termine nunca...

viernes, 4 de mayo de 2012

las lágrimas del destino...

Algo le habremos hecho al cielo, para que el cielo llore. A veces despacio y sin llamar la atención, y otras desconsolado. A ese llanto en el campo lo llaman esperanza y en tus calles lo esquivamos cerrando los ojos. La lluvia. Aparece en nuestros días y lo tiñe de gris, lo entristece sin querer, como dando a entender la soberanía de sus gotas. Es tan necesario cuando no está, como superfluo cuando llega sin avisar y de golpe nos abriga la tarde y nos cambia los planes. Se van clavando las gotas en cada paso que damos y nos deja una huella que pareciera imborrable y que solo dura lo que dura la mirada en cambiar de aire. La lluvia. A veces, además, aparece en un sueño de vuelta a casa, de esos que se truncan por los caprichos del cielo. Hasta el corazón se empapa de las lágrimas del destino, cuando el misterio nos oculta la llegada repentina. Si el cielo llora, no pensemos en las consecuencias, sino en la causa de su llanto. La lluvia, la caprichosa lluvia, la bendita lluvia, la razón de la lluvia...