jueves, 10 de mayo de 2012

La noche.

Esta noche es distinta. Pareciera como si a mi habitación la iluminaran seis candiles y el otoño silbara desde lejos una canción. El silencio corretea por las esquinas de la calle Río mientras los gatos anidan nocturnos en los hostales del escombro. Pienso que ojalá la luna se estuviera riendo siempre igual que hoy, olvidando los problemas que hacen que en Priego se oscurezcan las mañanas y el frío agriete las manos que intentan levantarlo del suelo. De noche quizá todo es distinto si unos ojos visitan de incógnito la fuente del Llano y más tarde vagan a la deriva por un muro que antaño cortaba la libertad de aquellos que pisaron y trabajaron esta tierra. Esta noche es distinta, seguro. Miro por la ventana y se me cruza el fresco que proviene de un rinconcito del Carnero. De repente se adentran ruidos en mi habitación que alteran el sueño de un duende que custodia mi casa. Ahora pienso en lo peculiar que puede ser Priego en su madrugada, en las mil historias de amor que se perdieron en el Paseo de Colombia y en las que culminaron en la Calle Real, en cualquier madrugada del mes de octubre. Si el corazón del pueblo hablara, sería capaz de contarnos las batallas de un obrero para sacar su negocio adelante, y la odisea que pasó un prieguense para demostrar su garbo y su tesón en los menesteres baratos que desechamos tantas veces. ¿Por qué será que aquí las noches son especiales? La mía lo está siendo. Hoy soy el protagonista de mi sueño entreabierto, a medias entre la almohada y la pluma. No sé por qué, pero hoy la tinta corre más deprisa que el tiempo, como esas palomillas que entran en tu cuarto en verano sin llamar a la puerta. 
Ya va siendo tarde y los ojos se van cerrando a la misma vez que se pierde mi escenario, como si estuvieran ambos pidiendo tregua nocturna. Lo que no saben es que esta noche es especial, distinta a todas las de antes. Y no hay más que soledad en las calles del pueblo; en estas horas los susurros se adueñan de la Avenida de España y quizá se escape algún verso entre las rejas del Adarve.
Esta noche es distinta, sin duda. Que no termine nunca...

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