domingo, 8 de julio de 2012

Escribir...


Y escribir como escriben los recuerdos. Esa extraña sensación de deseo, de sentir que me balanceo sin razón entre los versos. Y creer a ciegas en el universo de las palabras, donde se trascribe sin permiso con un acento preciso la verdad de mis entrañas. Como si necesitara saber si existe una mirada que alumbre sin despiste el camino que nos lleva a la misma poesía. Si al parecer no se halla la alegría en el cajón de mis semillas, las que siembra mi alma. Es aquí donde encuentro la calma de vivir en armonía, sintiendo que nunca estuvo vacía la pasión que nos cegaba. Y esperando, esperando, parecía que se cruzaba. Y tuve que mirar dos veces en mi corazón para saber si era real o tan solo una palabra oscura que se enquista y perdura atando los olvidos a mi cuerpo. Es como sentir que no la encuentro, si escribir por escribir nunca fue mi motivo, si cada frase y cada verso sacan de mí una razón de leerlo. Es así mi momento. Y entre tanto no le busco la razón a esto, que esa tarea se encomienda o se desprecia a ciegas, si se cree que lo que cuento es mi vida o la suya, o enlaza por destino las dos.

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