martes, 30 de octubre de 2012

Mírame.

De frente, a los ojos, mira mi condena, la del relente de las horas, la del paso intermitente. De cerca, que se cieguen los luceros, que se sequen nuestras lágrimas, que se rocen los recuerdos. Mírame mujer, tan cerca como nos permita el conserje del alma, tan persistente como baile mi voz al verte, tan puro como el blanco de la mañana. 
Acaríciame la cara, por favor. Sácame el frío de la boca. Calla el suspiro agotador, dame con tu aliento una palabra barroca. De frente, a los ojos, renaciendo cada día en medio de tanto silencio. A los ojos lanzo un grito, a los ojos mando un beso,  a los ojos que se cierran despacito, a los ojos le escribo un verso.

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