jueves, 29 de noviembre de 2012

Frío.


Invisible y sensorial, imprevisible y silencioso. Así es el frío. Se adentra en nuestras vidas sin llamar la atención de nadie, convirtiendo tus días en pruebas de fuego y estufa. Ese cristal tan transparente como marcan los cánones implícitos del tiempo. El frío en los labios, que transforma las palabras en conversaciones de leña y luz inquieta. El frío en las manos, que recupera los trastos del invierno, los guantes trabados y una bufanda que enreda a la par, la garganta y las sonrisas. El frío en las caras, y un gorro que encierra tantas ideas tempranas, que quedarán encarceladas y sin salida de emergencia. 
No se ha ido el frío entre nosotros, pero mientras te abrazo, se esconde por vergüenza. 

Fotografía: Manuel Molina Serrano

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Con la luz de tu cara.


Parece que fue ayer,
 te perdía entre los charcos,
en una calle con encanto.
Parece que te cautivaba
 una estrella en lejanía,
que se postraba vacía
la mirada envenenada
de la ropa que lucías.
Parece que entonces te perdía,
cuando soñaba a porfía
con la luz y letanía
de una tarde con un manto.
Parece que te quería,
que me sonaba a melodía
la tristeza que sentía
entre las varas de tus nardos.
Parece que parecía
propagada la armonía
que mis ojos te decían
y tus gestos anunciaban.
Parece que me querías,
que al fin se transmitía
el amor que me vencía
y entre tanta madrugada
se quedó prendada
de los cantos de abril,
de los cantos de una dama,
que es de nombre María
y en las noches relucía
más que la estrella lejana
que caló en las noches frías.
Parece que subía
por la vereda sencilla
que alumbra y camina
con los llantos de una niña
que reza todo el día.
Parece que termina,
que esto se acaba,
que los pasos que salían
de pasión se revestían
con la luz de tu cara.