jueves, 29 de noviembre de 2012

Frío.


Invisible y sensorial, imprevisible y silencioso. Así es el frío. Se adentra en nuestras vidas sin llamar la atención de nadie, convirtiendo tus días en pruebas de fuego y estufa. Ese cristal tan transparente como marcan los cánones implícitos del tiempo. El frío en los labios, que transforma las palabras en conversaciones de leña y luz inquieta. El frío en las manos, que recupera los trastos del invierno, los guantes trabados y una bufanda que enreda a la par, la garganta y las sonrisas. El frío en las caras, y un gorro que encierra tantas ideas tempranas, que quedarán encarceladas y sin salida de emergencia. 
No se ha ido el frío entre nosotros, pero mientras te abrazo, se esconde por vergüenza. 

Fotografía: Manuel Molina Serrano

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