martes, 16 de abril de 2013

Mujer

Una mujer es una señora de deseo, una madre que enamora, es la defensa en la orilla, y del mar, su protectora. Una mujer es primavera, es el viento en la bandera, es amiga del amor, es la sombra más preciosa.Una mujer es corazón, dulzura y fortaleza, es bendita, soñadora, es el ángel de la gloria.Una mujer es el frío que destempla, es el vientre que da vida, es el calor de una hoguera, la mejor flor de una maceta. Una mujer es cariño, comprensión, es la dueña del olvido, la mejor compañera. Una mujer cuando sufre, es como si el cielo muriera. Una mujer cuando ríe, es un manantial de riqueza. Una mujer es mi vida, es sencilla y coqueta, es natural y discreta, es la esencia de mis días. Una mujer es entereza, es la niña de mis ojos, mi mejor letra. Una mujer es maravilla hecha bondad, es un duende que susurra, es pura naturaleza. Una mujer es balcón de la virtud, corona de realeza, es pasión, es ternura. Una mujer es perfecta. 

martes, 2 de abril de 2013

Costalero del Calvario.


No te despidas todavía, quédate aquí, costalero. Que María borda en misericordia cada uno de tus ruegos. Que en su manto lleva nuestros versos y en sus mejillas, tantos besos que en la despedida se hicieron eternos. Quédate aquí, junto a Ella, que a Ella le gusta que le cuentes tus lamentos, que le digas cara a cara lo que sientes tan adentro. Quédate a decirle, obrero, que aquí a la Madre de Dios se la llama Reina de los cielos.
Es así Madre. Tú eres el reflejo del cielo, porque tuyos son las estrellas y los luceros. Y tus manos me acarician, yo suplico entre tus cielos. Manos de terciopelo, manos de dolor y cariño, de encaje y consuelo. Y en tus manos, María, están las respuestas que yo quiero. Y si sé leer tus manos, es porque cada vez que vengo, Tú me miras a porfía y me das las buenas noches en silencio. Porque aquí entre tus manos está la armonía, la belleza de tus días, la fuerza de tus adentros. Tus manos, tus benditas manos. Dame tu mano, María, yo prometo no soltarla, yo prometo enseñarla cada Lunes Santo a tu pueblo, pasearte entre la brisa de un mes de marzo que venero. Porque…

Sueño con ser tu costalero
y llevarte con fuerza donde quieras.
Sueño con pasearte mientras rezo,
con pasarme la vida aquí a tu vera.

Sueño con ser tu costalero
y poder llorar contigo,
con oír el crujido del madero
y escuchar tu voz entre suspiros.

Sueño con ser tu costalero
y sin que nadie aún nos vea,
Tú me prestas un lucero
que tu divina belleza refleja.

Sueño con ser tu costalero
y escribirte de noche dos latidos,
Sueño que te tengo y no te has ido
que tu rostro es la rosa de mis sueños.

lunes, 1 de abril de 2013

Viernes de Dolores.


Primavera. Cuaresma. Rezaba, reía, lloraba, sentía. Venía a verte, te saludaba, me creías. Te enseñaba mi plegaria y Tú me consolabas, me prometías, me prestabas tus lágrimas con redobles que latían. Me miraba en tus ojos, en el espejo de estos días, entre cejas de albores y Viacrucis con brisa. Viernes. Felicidades María. Otro día, tu día. Y a pesar de tu sonrisa más fina, del color de tus mejillas, del cristal de tus lágrimas; hoy lloras, como lloro yo, por la muerte de tu Hijo, por sus penas, su agonía. Lloro entre varales, entre calvarios de emoción, entre caídas. Y todo queda en el recuerdo. Como el encaje del Lunes Santo, igual que tus mecidas, como el paso de un costalero que se emociona con los ¡vivas!
Entre siglos de grandeza, en tu camarín, en la aurora anticipada, en el jardín y la cera, en la mañana. Te miro y te sueño en los carriles de tu presencia, entre flores y medallas, con los rosarios a cuestas, entre miles de miradas, contando los rezos, escuchando las sentencias. A ti te sienta bien la madrugada y los silencios que te prestan, entre inciensos y navetas, con el olor y la luz de las antorchas.

Y te sientan bien los peinados,
las mantillas y tocados,
la cera color tiniebla,
los fajines y los mantos,
las rosas y las violetas.
Los repiques de tambores,
las campanas y las estrellas.

Y que Dios me perdone,
si en ternuras te atavío,
que tantas palabras en el aire,
tanto verbo florecido,
se dibujan por las tardes
entre música y latidos.

Yo soy hombre y Tú mi Madre,
y mi verso es emoción.
es saeta, es una salve
de ternura y compasión.

Porque en Ti creo,
con mi herida en la memoria,
los tropiezos del sendero
y los caprichos de mi historia.

Por eso, Madre, te quiero,
igual que los ancianos,
como el cirineo de los cielos,
desde lo alto hasta lo llano.

A mi hermano lo quieres Tú,
como tu Hijo, el soberano,
que se bajaría de la Cruz
para cogerte la mano.