martes, 2 de abril de 2013

Costalero del Calvario.


No te despidas todavía, quédate aquí, costalero. Que María borda en misericordia cada uno de tus ruegos. Que en su manto lleva nuestros versos y en sus mejillas, tantos besos que en la despedida se hicieron eternos. Quédate aquí, junto a Ella, que a Ella le gusta que le cuentes tus lamentos, que le digas cara a cara lo que sientes tan adentro. Quédate a decirle, obrero, que aquí a la Madre de Dios se la llama Reina de los cielos.
Es así Madre. Tú eres el reflejo del cielo, porque tuyos son las estrellas y los luceros. Y tus manos me acarician, yo suplico entre tus cielos. Manos de terciopelo, manos de dolor y cariño, de encaje y consuelo. Y en tus manos, María, están las respuestas que yo quiero. Y si sé leer tus manos, es porque cada vez que vengo, Tú me miras a porfía y me das las buenas noches en silencio. Porque aquí entre tus manos está la armonía, la belleza de tus días, la fuerza de tus adentros. Tus manos, tus benditas manos. Dame tu mano, María, yo prometo no soltarla, yo prometo enseñarla cada Lunes Santo a tu pueblo, pasearte entre la brisa de un mes de marzo que venero. Porque…

Sueño con ser tu costalero
y llevarte con fuerza donde quieras.
Sueño con pasearte mientras rezo,
con pasarme la vida aquí a tu vera.

Sueño con ser tu costalero
y poder llorar contigo,
con oír el crujido del madero
y escuchar tu voz entre suspiros.

Sueño con ser tu costalero
y sin que nadie aún nos vea,
Tú me prestas un lucero
que tu divina belleza refleja.

Sueño con ser tu costalero
y escribirte de noche dos latidos,
Sueño que te tengo y no te has ido
que tu rostro es la rosa de mis sueños.

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