jueves, 29 de agosto de 2013

Farolillo.

Sopla el viento de agosto, nos sorprenden sus tormentas veraniegas y caemos de repente en la portada de la Feria. Se nos presuponen unas fiestas de poca cartera y mucho paseo. Habrá niños que en las únicas atracciones en las que  se monten sean el tobogán o los columpios del parque. Quizás debamos ver la rentabilidad económica y social de esta feria, las dificultades que estamos pasando y que hacen que ni el pueblo ni sus fiestas puedan prosperar. Hace tiempo que las monedas bostezan de aburrimiento y a los trajes de gitana se le van cayendo los lunares como lágrimas. Lo peor de todo, el farolillo. Él es el gran damnificado de la crisis. El farolillo nació para engrandecer la feria, la llenaba de presencia, color y aroma. El farolillo es albero, flamenco y vino; es juventud, experiencia y niñez. El farolillo es rumba, baile y caseta. Pero el farolillo también es Priego, feria de centro y mediodía, la gran extrañada de este invento. Que a Priego se le frunce el ceño cuando cogemos el autobús y nos olvidamos de esa otra feria, la de antaño. Y al farolillo le da coraje que ni siquiera tengamos el detalle de visitar el centro. A veces pienso que las luces de feria nos atraen demasiado y que la voz del secretario de la tómbola llega a hipnotizar al personal.
La feria es una de esas fiestas que tanto esperamos a lo largo del año y que ofrece a sus usuarios una gran variedad de experiencias. Hay quien vive la feria sin llegar a ver los cacharritos y no para de beber cacharros; hay quien no para de pasearse por las calles con las únicas compañías de un caballo y una copa de vino; también hay quien prefiere caseta de comida y ambiente flamenco y hay quien, sin comer, le encanta el bakalao. A mí, personalmente, me gusta mezclar un trocito de cada feria y saborear todos los ambientes, impregnarme de la esencia pura de una tarde de toros y acabar de marcha con los amigos. Hay feria para todos, incluso para quienes se olvidan del farolillo y prefieren la sombrilla y al agua del mar. Son muchas las sensaciones y vivencias que nos trae la Feria Real de Priego, aunque a veces sólo le veamos dificultades, que las hay.
Pero, piensen que estas fiestas son necesarias, que activan la economía en mayor o menor medida, que crea muchos o pocos puestos de trabajo y que hace que nos distraigamos y nos divirtamos a nuestra manera. Por eso les decía que intenten disfrutar de la esencia del farolillo, que ya se encargará él de regalarnos mil detalles. El farolillo y su gente, su gracia y su saber estar. El farolillo, feriante de por vida, nos invita a pasar la portada de la feria y dejar que nos envuelvan sus aires con olor a turrón y algodón de azúcar, que nos hacen endulzar unas fechas difíciles de digerir. 

Artículo Periódico Adarve (Especial Feria Real 2013)

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