lunes, 29 de diciembre de 2014

El Hijo de La Virgen de La Caridad.

Al día siguiente, ya bien entrada la mañana, un hombre se acercó al establo. Era algo tímido y le infundía mucho respeto aquella Sagrada Familia. José, al verlo, le dijo: "¿Quién es usted, buen hombre? ¿Qué necesita de nosotros?". El hombre, cuidadosamente le ofreció su casa para pasar el día. Hacía mucho frío y aquel establo no era más que un hostal de carretera. Así que José aceptó el ofrecimiento, abrazando fuertemente a María. Al menos por una noche podrían disfrutar de su hijo bajo el calor familiar de una casa y un buen puñado de mantas.
Al llegar, dos niños tocaban sus panderetas, mientras el Niño Jesús sonreía. Iba a ser un buen día para ellos, porque al fin un techo sería el mejor cielo para espantar aquella ventisca que calaba hasta los huesos. Se acomodaron en una habitación que se encontraba algo apartada, para que el Niño pudiera dormir tranquilo. Allí, María había conseguido hacer una cuna con algunas mantas que le había dado el hombre de la casa y colocó a Jesús con mucho cuidado, sabedora de que sería con los años un hombre sabio y sufridor. María, La Virgen, con su Caridad infinita, le cantaba al niño un villancico que le había escuchado la noche anterior a unos pastores. José, mientras, conversaba con varios vecinos que se habían acercado para interesarse por el niño. Se encontraba algo cansado, pero extremadamente feliz. Con lágrimas en los ojos les decía a los señores que el parto había ido muy bien, gracias a la generosidad de la matrona. Nadie quería perderse el acontecimiento, porque sabían que allí nacía la historia más grande del mundo. Pero la familia debía descansar. Así que José despidió a los vecinos agradeciéndoles la visita.
Más tarde, con la noche cayendo sobre el tejado de la casa, Jesús estaba dormido. María y José lo contemplaban, como en aquella bella estampa que se repite cada año. Y rezaron por Él, sabedores de que el mundo sería un lugar difícil para vivir, pero que merecería la pena.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El espejo de la vergüenza.

Daría lo que tengo por ti, porque tú eres lo que tengo. Y no me da miedo vivir aprendiendo a querer lo que es tuyo, porque mi mayor orgullo es quererte por dentro. Lo que tú eres, lo que sé de ti, se aprende muy lento, a fuego torpe de candil que en cada llama lleva un te quiero. Y si insisto en conocerte, no te escondas de perfil, que antes de aprenderme tu nombre, antes de querer ser más hombre, te llamo entre silencios, que si te toco me avergüenzo de verte llorar por mí. Lo que quiero decir es que tú eres mujer luchadora, que supo batallar por llegar hasta aquí con tus manos de marfil que tantas veces fueron mecedora.
Por todo esto, tú que eres mujer y como mujer encandilas, quiero que sepas que mueves el mundo con cada paso, con cada vez que respiras. Y nadie tiene derecho a negar tus encantos, a tapar tu belleza, ni reprimir tus ojazos. Porque la mujer es un arte hecho sentimiento, que se puso pronto de manifiesto y sin tapujos, ante los ojos extraños que envidian tanto bien ajeno. Para que me entiendas te diré que tú eres lo mejor de este mundo, sin condiciones. Que siempre habrá quien no te valore o quien piense que eres objeto. Y ese mismo quien cree ser hombre, debiera pararse un instante y mirarse bien el careto. Que para eso están los espejos de la vergüenza, que hacen llorar a alguien que, siendo cobarde, creyó ser tu dueño. Tú no sufras por nadie, ni mires tanto al suelo, ni creas que estás sola, que aquí estoy yo con tu sufrimiento. 
No se es hombre sin mujer que le quite las lágrimas a tus lamentos. Este mundo se hizo con pergaminos que llevaban escrita la historia, a través de los ojos cristalinos de una mujer que se sentía bien vestida de respeto. No hay nadie superior en esta tierra, no hay nadie que te mire por encima del hombro sin remordimiento. Por eso te dije tantas veces lo que pensaba, por eso eran míos tus secretos. Porque en mi vida, la alabanza lleva nombre de mujer y apellido de caballero. Ahoga tus penas en templanza y grita, si quieres, pero con respeto. Muerde el miedo que te producían los puños apretados de aquel que lleva escrita la violencia de género. Y tu voz, la que tanto susurraba por las noches, también debe endurecer su color y ser para el castigo un eterno reproche.
Y a ti, que te crees tan hombre y no eres más que un animal que a veces se esconde, ve pidiendo perdón por privarle la vida a una madre coraje, a una madre valor, a una madre dulzura, a una madre sonrisa que sin querer es burka asustadizo que ya no tiene sitio en un mundo que camina sin norte.
Y ahora, no sé cómo decírtelo sin ensuciar tu nombre. Que no hay mayor derroche de amor, que hacer feliz a una mujer, sin demostrar ser más hombre. 

jueves, 16 de octubre de 2014

El cuento.


Foto cedida por José Luis Sansaloni

Sería una noche de septiembre de cualquier año. En una plaza pequeña, con una fuente añeja, jugaban dos niñas a ser mayores. Se imaginaban los días como si ellas fuesen las dueñas del tiempo y pudieran decidir cuándo se deben parar las horas y hacer que todo cambie con un soplo de aire fresco. Usaban una papelera como fuente de inspiración, como si entre la basura estuvieran las mejores cosas de la vida, las que se nos escapan por falta de fe. Así, se entretenían en llegar con la mente a una fecha que no conocían y pensaban que ser mayor era su meta. En eso consiste la vida de algunas personas, en querer ser mayor cuando se es niño, o en querer ser niño cuando se es mayor. Y al final resulta que acaban siendo ancianos con la mitad de vida y muy pocos sueños.
Aquellas niñas se acercaban a la fuente y se paraban a mirar el agua, como queriendo detener el caño y convertir el momento en un manantial incesante de imaginación. Con el agua pensaban en que el mañana siempre es un buen día, si no se espera nada de él, tan solo deseando ver levantarse al sol. Los niños soñaban incrédulos, con un mundo mejor, en el que lo justo es lo correcto. Porque soñar es lo mejor, lo más ingenuo. 
De repente, dejó de sonar el agua y hasta los camiones pedían silencio, como antítesis de lo cotidiano. Las niñas se dieron cuenta de que tan solo podían oírse entre ellas, como si el resto del mundo hubiese dejado de latir. No eran capaces de sentir lo que cantan los pájaros a media tarde, cuando decae la luz. Ni siquiera se percibía el sonido incesante de los árboles de la Fuente del Rey, en su búsqueda por llamar la atención del turista. Como si la belleza se silbara... De repente, las niñas se pararon en medio del silencio, donde siempre te espera una oración inminente. Se decían no creer la oscuridad del ruido, porque llevan años percibiendo, con los ojos cerrados, todo lo que sucede en su día. Al fin, concluyeron que quizás las cosas buenas de la vida, no se cuentan, ni se dicen, ni se gritan. Lo importante se siente, se toca, se vive. 

viernes, 15 de agosto de 2014

El valor de una vida.

Quizás nos pasamos los días poniéndole precio a las cosas, intentando buscar el valor de lo que hacemos. Y nunca nos hemos parado a valorar nuestra vida, la de los demás. Por eso hoy tiene tan poco valor la vida del hombre, por eso menospreciamos al ser humano y así pagamos el alto precio de divinizar lo material hasta límites demasiado altos. La vida de una persona, de un niño, vale más que todas las cosas que lo rodean. El problema está en que cuando los políticos se creen dioses (que son muchas veces) acaban creyendo que tienen más poder del que les corresponde y se creen dueños de la vida de los demás, hasta el punto de ser capaces de decidir si quitarla o no. Eso es una guerra, una trifulca de señores que tienden a comportarse como niños pequeños y que arrebatan vidas, arruinan vidas, rompen vidas, asesinan vidas, maltratan vidas, a cambio de nada. Porque no hay nada positivo como consecuencia de una muerte provocada. Nada. Pudiera parecer un mal sueño, eso de que en pleno siglo XXI sigamos usando armas para decidir las cosas menos insignificantes de la vida. Porque lo verdaderamente importante es la familia, los amigos, el trabajo que dignifica y ayuda a seguir adelante. Lo importante es ser consecuente con el que menos tiene, ser justo con el que vive de injusticias, ser solidario con quien lo es. La vida es un cúmulo de pequeñas cosas que la hacen grande cada día. Y lo demás solo importa a quien entiende de lo material y por lo material lucha, quien dejó a Dios a un lado para creerse dueño del destino de los demás. Y así nos va. El mundo tiende a auto-destruirse, porque así lo hemos ido consintiendo. Y en vez de enmendar errores, preferimos mirar para otro lado y echarle la culpa al que estuvo antes que yo. Será lo que tenga que ser. Que Dios nos ayude.

jueves, 5 de junio de 2014

La limosna.

Suele suceder cuando el tiempo se encuentra distraído. Caminas por la calle, solo, tranquilo, obviando tanto ruido que te hace añorar el silencio. Miras el suelo como si fuese espejo de la vida diaria de sus calles, y de repente te cruzas con una moneda gastada, devaluada por la poca fe y condenada al olvido por tantas manos que desechan la pobreza. No es una moneda cualquiera, es limosna de quien la ve como un  tesoro. Porque la grandeza de la vida pasa por ver lo mismo de dos maneras diferentes, casi opuestas. Y hay quien, como tú, le quita importancia a la limosna, simplemente porque no te hace falta; pero aquellos que viven pensando en la fuerza de esa moneda, sueñan cada minuto con que un corazón piadoso lo mire con ojos de justicia y sepa que al final de la noche, todos necesitamos el mismo trozo de pan.
Por eso, nunca mires de reojo, ni le muestres tu nuca a aquellos que se sientan, indefensos, en un portón que para ellos es sillón de rey y que les ayuda a paliar su desdicha con sutileza. Puede incluso que algún día esa misma limosna te llegue a ti. Puede que esa acera sea tu propio espejo diario y que necesites de aquel pobre para subsistir. Puede, en fin, que la vida te deba un pequeño favor, porque al pasar por al lado del pobre, sientas que es igual que tú y que los avatares del destino hicieron que esa persona se desdibujara una noche y su rostro fuese víctima del hambre.
Así que vente donde yo te diga y, frente a frente con el pobre, dile lo que piensas y haz lo que te manden tus lágrimas. Porque si tú tienes poco, él no tiene nada; si tú no puedes gastar, él no puede ni consumir; si tú sufres al final de mes, él sufre cada día. Cada rostro de tristeza es una señal de Dios para que nos hagamos más humanos.

martes, 22 de abril de 2014

Soñando contigo.

Toda una vida soñando contigo, buscando tus pasos, llorando si no te respiro. Muchos días queriendo mirarte y no sé ni el color de tus ojos, ni el lugar donde paseas, ni si eres tú o es otra la sombra que se une con la mía. Se van agotando los versos y ninguno se escribe en tu memoria, ya no quedan poemas con tu nombre, ni pergaminos que salgan de mis letras. Ya no veo tu andar cuando salgo a la calle y te confundo con el resto de la gente. Me equivoco si pronuncio tu nombre, porque no sé si nombrarte mil veces o esperar a que la soledad me recuerde dónde te escondes. No reconozco tu pelo entre tanta luz, ni reparto besos sin rozar tus labios. Déjame que sueñe esta noche contigo, que imagine un abrazo tuyo, que se mueran de envidia las caricias del pasado. Solo quiero sentir cómo llegas, que se acerque tu aliento mientras se me escapa el aire, que alcancen mis dedos a tocar tus mejillas, que solo sea yo quien te despierte al besarte. Necesito que mayo nos una en el silencio, que vivamos latiendo entre el palpitar de un geranio, que sucumban nuestros sueños cuando el amor se va abriendo. Que alguien le diga a la luna que cambie el gesto, que si le da vergüenza que mire para otro lado. Y quiero que sea contigo. Solo contigo. Quiero que aparezcas esta noche. Quiero que seas tú y que sea hoy. No hay otra noche, ni otra mujer que haga especial este momento. Siempre he soñado contigo, aun sin conocerte, porque no me importa tu nombre, ni tu perfil, ni las veces que las aceras se rindieron ante tus pasos. Me vale con sentir que estás ahí, que llegarás cuando llegue la hora. Que el destino decida por mí y que sea contigo.

martes, 8 de abril de 2014

No habrá días sin Ti.

No habrá días sin Ti, ni amaneceres que no lloren si te ven triste. Todos te quieren ver salir y rezarte cara a cara, parando el mundo a tus pies y apretando los puños mientras Tú los corriges. No habrá día si no lo bordan tus ojos, ni noches a solas si pienso en Ti. Porque cuando faltan pocas horas, ahora que tanto se fotografía tu perfil, cuando hasta los sabios se arrodillan prendidos de tu manto, ahora que el tiempo no se mira en el reloj, sino en la llama de un cirio. Es ahora cuando sueño sin cerrar los ojos, imaginando cómo sería tenerte cerca mientras suena una saeta, me imagino tu voz silenciosa, tu andar tan sencillo. Sueño cada noche, cada instante contigo, porque me enamora tu fortaleza, tu bondad, tu atardecer de Cuaresma.

martes, 11 de marzo de 2014

Rézale.

Cuando llega la Cuaresma, todo se viste de sueño, todo parece un milagro sacado del trastero. Porque cambian los rostros cristianos, cambia el amor sincero, cambia la luz de las calles y hasta el aire huele a incienso. Cuando llega la Cuaresma se abre la puerta del cielo y se ilumina con un cirio la pasión del costalero. Y se oye un rosario en el balcón, una palabra de deseo, el quejío de una canción que lleva por letra el mejor ruego.
Porque es el momento de rezar, de pedir por alguien que pasará la noche en vela sin poder ver a su Virgen, por esa mujer que siempre la espera entre el frío del balcón y hoy, postrada en un sillón, clama al cielo su martirio. Hay que rezar por quien nunca quiso rezar, ni sentir, ni llorar como llora un costalero. Hay que rezar con los ojos cerrados, agarrando el varal, con los pasos bien marcados y las lágrimas saltás.
Y que rece el costalero, que es quien la va a mecer muy lento, al ritmo de La Madrugá. Que rece sin medida del tiempo, sin voz, que rece por dentro. Que se levante la fe, que se abracen los sentimientos, que al salir la Cruz de Guía se rece un Padre Nuestro. Que alguien pida perdón, que suene fuerte el arrepentimiento y al fin vayamos juntos, corazón en mano, penitente y costalero. Rézale tú que la sientes en el alma, que al mirarla siempre le dices te quiero. Rézale rozando sus lágrimas, rézale mirando al cielo.
Que sea un mar morado en calma quien camine junto a Ella, que sea un puñal de plata el que guíe a esta Estrella. Porque si mi oración se rezara al pasar por las vereas, María del cielo bajara para cumplir sus promesas. Y la luz de la noche sería candil de ojos claros, luz de luna en la madrugada, pañuelo de sueños amargos. Porque al oírte rezar, costalero, a María le sobra un llanto. Yo mis ojos se los presto que quiero llorar por Ella y entregarle mi vida entera, la noche del Lunes Santo.

martes, 4 de marzo de 2014

Te pido por ti.

Te pido una sombra que me hiele por las tardes, 
de tu reloj, un minuto en cada hora, 
un viento del sur que me deje sin aliento.

Te pido del mar sólo dos gotas, 
un aliento de la brisa de levante 
y un rincón de arena que desnude tu boca.

Te pido la gloria con la esencia de tus días, 
la sonrisa desmadrada que provocas 
y mil años a tu lado que se me hagan cortos.

Te pido un espacio único donde quepa una caricia, 
un lugar que sólo veamos nosotros
 y una lágrima de fe que compartamos sin medida.


Te pido la vida más sencilla con quien más me necesite, 
dos razones para andar de puntillas 
y tu corazón bondadoso y sin límites.

Te pido un instante que desborde sonrisas,
unos ojos negros para mí
y un paisaje que de ti se vista. 

Te pido un abrazo  que vuelva desnudo,
de tu sombra, el mejor perfil
 y un susurro en medio del futuro.

Te pido, en fin, tu vida y la mía,
que sea eterna la mirada que te di
y que se acaben de una vez las despedidas. 

martes, 25 de febrero de 2014

Penitente

Párate ahí, penitente. Deja que llore tu cirio, como sólo llora una Madre. Párate y reza bajito, que no te oiga nadie, que solo lea tus labios aquel a quien llamas Padre. Que no se vaya la noche todavía, que no es tarde. Que, aunque tú te canses, penitente, el camino es un alivio constante y la cera que derramas, aleja los males de tu corazón en un instante. Deja que lloren tus ojos, como lloran las calles cuando ven a lo lejos tanta luz y tanta vida. Di, mientras rezas con los labios callados, aquello que Dios le dijo a María: “Que tus labios tengan el sabor de la sal de mis lágrimas”.

Que no decaiga la luz de tu cirio, que sea llama viva de la candelería, que se hagan eternos los suspiros que te abrigan, que no se haga de día, que no resuene el alba, que sus ojos dejen las estrellas encendidas, que tú quieres estar siempre de Madrugada. Que tu cíngulo se quede permanente agarrado a tu fe, que tu túnica sea penitencia en los días malos, que el verdugo sea ventana abierta al mundo y cuando abras los ojos siempre te reciba Cristo. Que tu andar lleve el ritmo del tambor que marca las horas que acompaña la Buena Muerte, que te llame una fanfarria que le pone música al amor de una Madre con su Hijo, que solo te mueva el fervor, que solo seas penitente si en las noches tardías de relente te acompaña un cirio. 

sábado, 4 de enero de 2014

Que no quede nada por pedir.

Que se acabe el frío y salga el sol por los ojos de un niño, que no falten bufandas para tanto dolor de garganta, que no existan pañuelos si no están llenos de alegría, que nadie se asuste si no es porque han visto a Melchor entrar por un balcón abierto al cobijo, que sólo haya Navidad si en los establos hay una mula calentando con su aliento a la vida. Que Priego se llene de pastores cargados de ropa, de leña y comida, que las sombras se rodeen de risa y a la noche no le falte un viento que silbe villancicos. Que los días pasen despacio para saborear bien el turrón que le regalamos al pobre, que se aprovechen bien los abrigos pasados de moda y sin talla para el que duerme desnudo, que sean mucho más puros los abrazos, que broten de esperanza nuestros olivos, que el agua del Recreo de Castilla nos sepa a gloria, que se terminen ya todas esas historias de vaqueros, que el único porropopón que se escuche sea el del tamborilero. Que ya no se escupa en el plato del vecino, que se bajen del tren todos esos asesinos y compartamos en vida todas nuestras culpas y nuestras derrotas, que el insulto sea pan duro para las gallinas y que las almas celebren las fiestas sin dejar lugar a la nostalgia.
Que si se va la luna, sólo sea porque sale el sol, que todas las estrellas sean estrellas de Belén y nos guíen como GPS inequívoco del destino, que apostemos fuerte y con atino por aquel que nunca nos da de beber, que a nadie le falte una llama que le dé calor a su pesebre, que todos tengan un techo, que si caminamos juntos, no habrá pie maltrecho ni dolor en las esquinas. Que si llora un niño, todos seamos  consuelo; que si le llueve a un desahuciado, todos seamos posaderos; que si pasa hambre el inmigrante, todos seamos camareros; que si se quejan los árboles, todos les colguemos guirnaldas, que si se terminan las fiestas, todos sigamos llamando a la solidaridad como algo cotidiano. Que si alguien te tiende la mano, no le des la espalda, que la honradez vaya siempre sujeta a los despachos, que las puertas estén siempre abiertas y sin miedo, que si se alza la voz, sólo sea para decir te quiero. 
Que si me equivoco,  yo mismo me corrija, que no vayan con tanta prisa los reproches, que nadie se despida sin decir hasta luego, que la luz de nuestras calles sea luz de nuestra esencia, que los villancicos se canten siempre por parejas  y que la cordura prime por encima del desenfreno. Que Nochebuena sea cada noche y que se terminen los reproches por cualquier inconveniente, que en la vida siga latente el perdón y que no nos tomemos el insulto tan en serio. Que todas las palabras que se digan, salgan del corazón; que si tengo una pregunta, alguien sepa darme una buena respuesta; que todos nos conozcamos mejor y que sepamos creer firmemente en nuestra infancia. Que nadie nos quite la ilusión, que queramos ser mejores mañana y que si nos falta la luz, sepamos sonreír ciegos. 

Artículo del Periódico Adarve, especial de Navidad 2013.