sábado, 4 de enero de 2014

Que no quede nada por pedir.

Que se acabe el frío y salga el sol por los ojos de un niño, que no falten bufandas para tanto dolor de garganta, que no existan pañuelos si no están llenos de alegría, que nadie se asuste si no es porque han visto a Melchor entrar por un balcón abierto al cobijo, que sólo haya Navidad si en los establos hay una mula calentando con su aliento a la vida. Que Priego se llene de pastores cargados de ropa, de leña y comida, que las sombras se rodeen de risa y a la noche no le falte un viento que silbe villancicos. Que los días pasen despacio para saborear bien el turrón que le regalamos al pobre, que se aprovechen bien los abrigos pasados de moda y sin talla para el que duerme desnudo, que sean mucho más puros los abrazos, que broten de esperanza nuestros olivos, que el agua del Recreo de Castilla nos sepa a gloria, que se terminen ya todas esas historias de vaqueros, que el único porropopón que se escuche sea el del tamborilero. Que ya no se escupa en el plato del vecino, que se bajen del tren todos esos asesinos y compartamos en vida todas nuestras culpas y nuestras derrotas, que el insulto sea pan duro para las gallinas y que las almas celebren las fiestas sin dejar lugar a la nostalgia.
Que si se va la luna, sólo sea porque sale el sol, que todas las estrellas sean estrellas de Belén y nos guíen como GPS inequívoco del destino, que apostemos fuerte y con atino por aquel que nunca nos da de beber, que a nadie le falte una llama que le dé calor a su pesebre, que todos tengan un techo, que si caminamos juntos, no habrá pie maltrecho ni dolor en las esquinas. Que si llora un niño, todos seamos  consuelo; que si le llueve a un desahuciado, todos seamos posaderos; que si pasa hambre el inmigrante, todos seamos camareros; que si se quejan los árboles, todos les colguemos guirnaldas, que si se terminan las fiestas, todos sigamos llamando a la solidaridad como algo cotidiano. Que si alguien te tiende la mano, no le des la espalda, que la honradez vaya siempre sujeta a los despachos, que las puertas estén siempre abiertas y sin miedo, que si se alza la voz, sólo sea para decir te quiero. 
Que si me equivoco,  yo mismo me corrija, que no vayan con tanta prisa los reproches, que nadie se despida sin decir hasta luego, que la luz de nuestras calles sea luz de nuestra esencia, que los villancicos se canten siempre por parejas  y que la cordura prime por encima del desenfreno. Que Nochebuena sea cada noche y que se terminen los reproches por cualquier inconveniente, que en la vida siga latente el perdón y que no nos tomemos el insulto tan en serio. Que todas las palabras que se digan, salgan del corazón; que si tengo una pregunta, alguien sepa darme una buena respuesta; que todos nos conozcamos mejor y que sepamos creer firmemente en nuestra infancia. Que nadie nos quite la ilusión, que queramos ser mejores mañana y que si nos falta la luz, sepamos sonreír ciegos. 

Artículo del Periódico Adarve, especial de Navidad 2013.