martes, 11 de marzo de 2014

Rézale.

Cuando llega la Cuaresma, todo se viste de sueño, todo parece un milagro sacado del trastero. Porque cambian los rostros cristianos, cambia el amor sincero, cambia la luz de las calles y hasta el aire huele a incienso. Cuando llega la Cuaresma se abre la puerta del cielo y se ilumina con un cirio la pasión del costalero. Y se oye un rosario en el balcón, una palabra de deseo, el quejío de una canción que lleva por letra el mejor ruego.
Porque es el momento de rezar, de pedir por alguien que pasará la noche en vela sin poder ver a su Virgen, por esa mujer que siempre la espera entre el frío del balcón y hoy, postrada en un sillón, clama al cielo su martirio. Hay que rezar por quien nunca quiso rezar, ni sentir, ni llorar como llora un costalero. Hay que rezar con los ojos cerrados, agarrando el varal, con los pasos bien marcados y las lágrimas saltás.
Y que rece el costalero, que es quien la va a mecer muy lento, al ritmo de La Madrugá. Que rece sin medida del tiempo, sin voz, que rece por dentro. Que se levante la fe, que se abracen los sentimientos, que al salir la Cruz de Guía se rece un Padre Nuestro. Que alguien pida perdón, que suene fuerte el arrepentimiento y al fin vayamos juntos, corazón en mano, penitente y costalero. Rézale tú que la sientes en el alma, que al mirarla siempre le dices te quiero. Rézale rozando sus lágrimas, rézale mirando al cielo.
Que sea un mar morado en calma quien camine junto a Ella, que sea un puñal de plata el que guíe a esta Estrella. Porque si mi oración se rezara al pasar por las vereas, María del cielo bajara para cumplir sus promesas. Y la luz de la noche sería candil de ojos claros, luz de luna en la madrugada, pañuelo de sueños amargos. Porque al oírte rezar, costalero, a María le sobra un llanto. Yo mis ojos se los presto que quiero llorar por Ella y entregarle mi vida entera, la noche del Lunes Santo.

martes, 4 de marzo de 2014

Te pido por ti.

Te pido una sombra que me hiele por las tardes, 
de tu reloj, un minuto en cada hora, 
un viento del sur que me deje sin aliento.

Te pido del mar sólo dos gotas, 
un aliento de la brisa de levante 
y un rincón de arena que desnude tu boca.

Te pido la gloria con la esencia de tus días, 
la sonrisa desmadrada que provocas 
y mil años a tu lado que se me hagan cortos.

Te pido un espacio único donde quepa una caricia, 
un lugar que sólo veamos nosotros
 y una lágrima de fe que compartamos sin medida.


Te pido la vida más sencilla con quien más me necesite, 
dos razones para andar de puntillas 
y tu corazón bondadoso y sin límites.

Te pido un instante que desborde sonrisas,
unos ojos negros para mí
y un paisaje que de ti se vista. 

Te pido un abrazo  que vuelva desnudo,
de tu sombra, el mejor perfil
 y un susurro en medio del futuro.

Te pido, en fin, tu vida y la mía,
que sea eterna la mirada que te di
y que se acaben de una vez las despedidas.