jueves, 5 de junio de 2014

La limosna.

Suele suceder cuando el tiempo se encuentra distraído. Caminas por la calle, solo, tranquilo, obviando tanto ruido que te hace añorar el silencio. Miras el suelo como si fuese espejo de la vida diaria de sus calles, y de repente te cruzas con una moneda gastada, devaluada por la poca fe y condenada al olvido por tantas manos que desechan la pobreza. No es una moneda cualquiera, es limosna de quien la ve como un  tesoro. Porque la grandeza de la vida pasa por ver lo mismo de dos maneras diferentes, casi opuestas. Y hay quien, como tú, le quita importancia a la limosna, simplemente porque no te hace falta; pero aquellos que viven pensando en la fuerza de esa moneda, sueñan cada minuto con que un corazón piadoso lo mire con ojos de justicia y sepa que al final de la noche, todos necesitamos el mismo trozo de pan.
Por eso, nunca mires de reojo, ni le muestres tu nuca a aquellos que se sientan, indefensos, en un portón que para ellos es sillón de rey y que les ayuda a paliar su desdicha con sutileza. Puede incluso que algún día esa misma limosna te llegue a ti. Puede que esa acera sea tu propio espejo diario y que necesites de aquel pobre para subsistir. Puede, en fin, que la vida te deba un pequeño favor, porque al pasar por al lado del pobre, sientas que es igual que tú y que los avatares del destino hicieron que esa persona se desdibujara una noche y su rostro fuese víctima del hambre.
Así que vente donde yo te diga y, frente a frente con el pobre, dile lo que piensas y haz lo que te manden tus lágrimas. Porque si tú tienes poco, él no tiene nada; si tú no puedes gastar, él no puede ni consumir; si tú sufres al final de mes, él sufre cada día. Cada rostro de tristeza es una señal de Dios para que nos hagamos más humanos.

2 comentarios:

  1. Se puede decir más alto, pero no más bonito.... y claro, clarísimo.
    Enhorabuena y gracias.

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  2. "Casa rostro de tristeza es una señal de Dios para que nos hagamos más humanos"
    IMPRESIONANTE

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