sábado, 7 de febrero de 2015

Ahora que estoy solo.

Esta noche soñaré contigo, me dejarás despierto mientras se pasan las horas entre un suspiro que es de mis penas aliento. Empezaré a pensar en ti, sin que estés conmigo. Lloraré escondido de la luna, deseando que pase el tiempo entre lágrima y desdén, en un lugar donde no habita nadie. Porque sólo yo conozco el ruido destemplado que deja el silencio cuando lo nombro, la sensación oscura que produce el viento cuando silva canciones sin letra. Esta noche volveré a pensar en ti, en tu despedida. Ahora que estoy solo miraré lo rápido que se mueve el reloj cuando se pierden las cosas valiosas de la vida. Ya no hay remedio para tanto alboroto, ni pasión descarnada que endulce las esquinas. No quedan consuelos de media noche, ni llantos apacibles. No reconozco entre tanta voz, una que me haga escribirle un verso como el tuyo. No se hicieron estos días para mí, no se hizo mi boca para gritar tu nombre, ni mis pies para andar otro camino por el que tú jamás pisaste. Ahora que estoy solo, quisiera mirar al cielo, que allí siempre hay un amigo, un consuelo, una estrella, una mirada. Porque la soledad no se palpa, ni se mira. La soledad no es estar solo, sino sentirse sin nadie con quien hablar. Es enemiga de un abrazo anónimo y escudera de las noches largas. Esta noche soñaré contigo, porque, aunque esté solo, me sentiré entre tus brazos.