lunes, 9 de mayo de 2016

Un lugar nuevo.

De repente, aquí estoy. No es el lugar de siempre, ni un sitio concreto en el que no haya estado antes. Es como estar en dos destinos a la vez y sin saber bien dónde. Un espacio en el que miras lentamente para guardar cualquier detalle en ese lugar de tu memoria donde se aferran los recuerdos toda la vida. Aquí parece que no hay frío, ni calor; no sé si hay ruido o si la gente me escucha en silencio; no entiendo el idioma, aunque hablan como los nuestros. Aquí se escapa la sal de la vida por las rendijas de la ropa, se intuyen las miradas porque las marca una sombra que nunca se borra del cielo que pisas. De repente te encuentras pensativo, con el contraste en la espalda de una pasión descarnada que se vuelve intermitente y que huele a fragancia de vida recién estrenada. No me preguntes por qué, ese lugar no es la nada, no es el todo, ni es un sitio que estrene las horas sin contar la madrugada. Pero al cruzar su esquina, solo su aliento me empapa. Y sin saber cómo llegar hasta aquí, sin poder buscar las coordenadas, sin ni siquiera saber si es un lugar que pintó su huella en un mapa, hoy siento que se puede vivir en medio de todo esto que forma parte de los días, que nunca se acaba de pisar por sus calles, que son arterias por las que pasa mi sangre. De repente, aquí estoy. Y no sé si es tan solo un detalle pasajero o es compañero de viaje que se aferra a mi talle. Dímelo tú que siempre le pintas al aire, que sueles esbozar la sonrisa cuando nadie la disfruta y me gritas tu nombre con la voz que recorre cada fuente diminuta. No quiero marcharme, porque no sé por dónde camino. 

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