miércoles, 22 de marzo de 2017

Desde el cielo

Sombreaban los azules de la tarde, cuando aparecía, silente, la primera llovizna de la primavera. La antítesis y verdadera obra de este tiempo, donde se cruzan la mirada, la lluvia con el cielo más alegre. Salimos a su encuentro, buscando cada gota que caía con fuerza, porque sabíamos que ese agua traía bendición de nuestra estrella más divina. Supimos perder la vergüenza, mientras nuestra ropa se dibujaba con el oscuro pincel de la llovizna. La fuerza del agua nos llevó hasta la ventana del cielo, donde un balcón nos regala amaneceres eternos. Te despistaste un segundo y solté mi voz para que fuese a tu encuentro. Claro que te encontré. Siempre te encuentro. Ya la noche le había vencido la batalla al celeste y yo andaba contigo sin rumbo. Daba igual donde pisar, me sentía fuerte de tu mano, presumiendo de tus ojos hasta que amanecía. Te hablo de la luz, porque mi reloj ya no latía. Me marcaste tu tiempo, me diste vida. 

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