miércoles, 29 de marzo de 2017

Te empapa la luz.


Te empapa la luz y en la luz te escondes. Porque la luz se abre paso entre la candelería con la fortaleza de tu rostro. La corona se hace luz que reflejan tus mejillas y la saya es un rayo de la luz de tu boca. No hay luz perfecta, si no es la tuya. No hay más luz que la que Tú decides. Todo lo absorbes con la delicadeza de tus manos. La luz se hace presa de Ti porque sabe que no hay ningún lugar mejor que tu regazo. Y a la luz que no se acerca, la envidia le viene al engaño con la misma fortaleza con la que el agua le viene a Priego. Por eso la luz quizás es mi mayor consuelo, donde el Mayor Dolor que existe es ver a un Hijo Preso. San Juan de Dios lo sabe y a la luz le tira besos con la dulzura y el encanto de un joven costalero que en su trabajadera lleva una estampa suya que acaricia rozando el cielo. Y en el arco de la iglesia, la luz se asoma con el perfil de tu manto. Hay también luz en el luto de tu palio, esa luz que desechaba el pobre de Pilatos. Él anduvo por la fama, que es camino más fácil que el del Calvario. Entretanto la luz se acomoda y le cede el sitio a la palabra. Capataz que iguala el paso con el encanto de siempre, mientras la semilla floreciente que va debajo, aprieta los dientes con la fe que va sonando. Y lo que suena es melodía de cualquier noche del año que traspasa el corazón con tu luz y tu quebranto. ¡Madre Mía, qué regalo! Sólo el estar contigo cuando los demás te están mirando y Tú saludas a los balcones de los pregoneros jóvenes que te acompañan, con la misma elegancia de la luz clara, tan distinta a las demás y del color de tus entrañas. Tú sigues caminando, pero la luz se queda. Mira a Jesús a la cara y verás que lo refleja. El llamador reclama la luz y la luz se hace presencia entre suspiros costaleros que llevan su esencia en las venas. El andar suena flamenco, como si Paco de Lucía lo mandara con sus cuerdas, como si fuese Camarón quien cantara la saeta. Vuelve a protestar la luz, porque se roza con la cal de las calles más estrechas, mientras se asoma desde un portal una anciana que lo espera. Y en el rostro longevo también hay luz de la luz que desprendes, porque tu luz va en el aire y se para a iluminar a quien más te quiere, quien te está rezando sin que nadie se entere, quien soltará una lágrima cuando Judas te entregue. 23 Y ahora la luz se queda a solas, después de una larga travesía, entre estrechuras que se superan con encaje y un esfuerzo sobrehumano de una cuadrilla. Parece que cuando acaba, te quedas sin luz, vacío. Yo sé que cuando llegamos a tierra y se ancla el paso, Tú sonríes. Ahora, Dios, haz que la luz de tu Madre ilumine Priego. Que esa luz que recorre sus calles sea luz de cada candil, que sea color añil el manto en el que cobijarse del frío y en cada mes de marzo, tu luz sea testigo del oleaje de fe que transita la Calle Río. Esto es lo que te pido. Que su luz siempre sea compañera de viaje de los que lejos se han ido, que no me falte la luz cuando me encuentre desvalido, que María lleve la luz hasta los rincones más perdidos y que antes de que acabe esta noche, un costalero apriete sus manos y sienta que en vez de llamarme amigo, pueda llamarme hermano. 

(Pregón Semana Santa Priego 2016)

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